El eco de la chicharra marcó el inicio de su turno en la montaña. Sarah Schleper, con un grito que fue más que un desahogo, liberó años de disciplina, pasión y sueños acumulados.
Milan.- El eco de la chicharra marcó el inicio de su turno en la montaña. Sarah Schleper, con un grito que fue más que un desahogo, liberó años de disciplina, pasión y sueños acumulados.
No era una bajada cualquiera: era la séptima vez que la histórica esquiadora enfrentaba unos Juegos Olímpicos de Invierno, y la tercera bajo la bandera de México.
Tras superar los nervios de los primeros metros, la mexicana cumplió con su principal anhelo que compartió hace días a EL UNIVERSAL: esquiar como nunca. Enfrentó las curvas que, minutos antes, habían dejado fuera de la prueba a 17 de las mejores del mundo.
Con la meta cada vez más cerca, Sarah disfrutó la parte final del recorrido y cruzó con un tiempo de 1:37.27. Ese resultado, además de otorgarle el respeto y la admiración de los aficionados, la colocó en el lugar número 26 del esquí alpino, el mejor registro en la historia para la categoría femenil mexicana.