La Selección Mexicana vivió una noche de ensueño en “El Coloso de Santa Úrusula”, no sólo le pasó por encima a Chequia, sino que por primera vez culminó la primera ronda de un Mundial con tres victorias; Memo Ochoa ingresó de cambio en su sexta Copa del Mundo
Al finalizar el partido todos los seleccionados celebraron el triunfo junto al ahora “Seis Copas” Ochoa.
Ciudad de Mexico.- Como por las nubes está Guillermo Ochoa, el seis veces mundialista y quien ayer engrandeció su leyenda en el 3-0 sobre Chequia.
¡Quiere volar! ¡Quiere volar! El grito de guerra de los mexicanos en este Mundial tuvo su pasaje más emotivo ayer ante 80 mil 824 almas en el Estadio Ciudad de México, cuando los seleccionados cargaron a Memo y lo lanzaron por los aires.
Sonaba “el Rey” de José Alfredo Jiménez a todo volumen, en la histórica noche en la que el Tricolor por primera vez ganó los tres partidos de la Fase de Grupos del Mundial: nueve puntos, seis goles a favor y ninguno en contra.
Solo que el verdadero rey estaba en la cancha, hincado, quebrado por la emoción.
Mateo Chávez, Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo fueron las figuras con sus goles, pero hasta las figuras palidecen ante las leyendas.
Porque el grito homofóbico que resonó tres veces mutó en el “eeeh...
¡Memo!” cuando el portero despejó el balón. Y eso que solo jugó 19 minutos...
Todos querían tener algo de Ochoa: los aficionados, una firma; los fotógrafos, una imagen; Alexis Vega, la cinta de sus rizos, que de inmediato se colocó en la cabeza.
Luego, la vida es eso que pasa mientras Memo llega a la media cancha.
El recorrido de unos cuantos metros pareció kilométrico. Hasta los eliminados checos se formaron para felicitarlo y uno de los utileros del Tricolor le dio un sentido abrazo.
Memo detuvo su camino en la mitad de la cancha. Agradeció cual actor de teatro. Cuatro reverencias: de este a oeste, de norte a sur.
Mientras, en uno de los tiros de esquina de la Cabecera Sur, el resto de seleccionados era uno solo con la afición, porque la noche del 26 de junio fue un compendio de pasajes memorables.
Mateo Chávez abrió la cuenta al 55’ en una jugada que Luis Romo se inventó a base de riñones, al ganar el balón entre tres checos. Hace unas semanas, Paulo César el “Tilón” Chávez lloró de emoción por la convocatoria de su hijo a un Mundial, que a él se le negó en 1998.
Después los naturalizados demostraron que un mexicano sí nace donde se le da la gana. Julián Quiñones al 61’ y Álvaro Fidalgo al 90’+4’ fueron también responsables de la algarabía colectiva, de que 800 mil aficionados se congregaran en El Ángel de la Independencia y muchos millones más en el País gozaran con su histórico equipo.
México come en la mesa de un selecto grupo de Selecciones con marcha perfecta y la portería inmaculada, logro solo conseguido por Holanda (1974), Brasil (1986), Italia (1990), Argentina (1998) y Uruguay (2018).
Llovieron los memes del “¿qué se sentirá perder?” y volaron muchos aficionados en los festejos.
La tragedia que parece el traje del Tricolor en los Mundiales hizo una bendita tregua.
Y así, en una noche bendita, Memo nuevamente se persignó -tras celebrar y orar en la cancha con su familia- antes de encaminarse a los vestidores del mítico estadio que el martes promete vibrar en el juego por el pase a los Octavos de Final.