Los Samurais le pasaron por encima a Túnez para acariciar la clasificación en el partido número 1000 en la historia de los Mundiales
Guadalupe, NL.- El partido número mil en la historia de las Copas del Mundo encontró en Japón a un protagonista a la altura del momento. En una noche cargada de simbolismo en Monterrey, el conjunto asiático entendió la magnitud del escenario y ofreció una actuación que quedará grabada en la memoria del torneo.
Bajo la mirada de la princesa Hisako de Takamado, quien viajó exclusivamente para acompañar a su selección, el equipo dirigido por Hajime Moriyasu se presentó con personalidad y determinación. Sobre la cancha, los Samurai Blue se comportaron como una auténtica orquesta, guiados por el orden y la disciplina, valores que forman parte de su esencia.
El resultado fue un vibrante triunfo (4-0) ante Túnez, en un duelo lleno de emociones que terminó por inscribir el nombre de Japón en la historia grande de los Mundiales.
La gran noche para la nación del sol naciente arrancó a toda velocidad. Tras un ligero aviso de Túnez, que encendió las alarmas, Japón respondió con determinación y se lanzó al frente.
En una jugada colectiva digna de videojuego, llena de toques rápidos y precisión milimétrica, el balón terminó en los pies de Daichi Hamada, quien no dudó frente al arco y abrió el marcador al minuto 4.
La insistencia nipona tuvo recompensa pasada la media hora, cuando una de sus figuras, Ayase Ueda, apareció con un potente disparo de larga distancia que terminó en el fondo de las redes al minuto 31. Un segundo golpe que amplió la ventaja japonesa y que se mantuvo intacto hasta el descanso.
La parte complementaria no tuvo grandes cambios y dejó a Japón seguir controlado el balón, y anulando cualquier intento de ofensiva africana, que con el paso de los minutos vio al debutante entrenador francés Hervé Renard perder la compostura y caer en la desesperación ante el dominio.
La segunda mitad no presentó grandes variaciones en el trámite del partido. Japón mantuvo el control del balón y supo neutralizar cualquier intento ofensivo del conjunto africano.
Con el paso de los minutos, la frustración comenzó a hacerse evidente en el banquillo rival, donde el debutante entrenador francés, Hervé Renard, perdió la compostura ante el dominio nipón y la incapacidad de su equipo para reaccionar.
Los golpes definitivos de Japón llegaron por conducto de Junya Ito, quien se plantó con serenidad frente al arco y definió al minuto 69. Ese gol no fue la última emoción del juego, con un rival vencido emocionalmente Ayase Ueda firmó su doblete al 83’.