Luego de que una piedra le arrebató la pierna, el monclovense se impuso a la adversidad y le dio un giro a su vida
Saltillo, Coah.- La cima de la montaña es el punto cúspide para los atletas, es el punto en donde la alegría brota, porque llegar ahí es cumplir con el objetivo… al menos esa es la creencia, pero Emanuel de Hoyos vivió en carne propia lo que es caer de ella, porque la cumbre igual te da y te quita, y esta le arrebató una parte más allá del ego o una medalla: lo dejó sin una pierna, pero él, de la mano de Dios lo tomó como impulso para darle un giro a su vida.
Han pasado tres lustros desde que el monclovense, el 26 de febrero de 2011, subiera a la M, en lo alto del Chipinque, con unos amigos. El senderismo, en ese entonces y todavía, eran su pasión, dejaba todo por él, el alma, su respiración, su espíritu, su energía… y ese día, una extremidad.
Una piedra cayó sobre su pierna derecha y la aplastó contra otra. La ayuda llegó gracias a que un día antes de subir, acertadamente se encontraron con elementos de Protección Civil de Nuevo León y les pidió el número de emergencia, “por si acaso”. Hoy, ese presentimiento lo tiene en pie.

Desde el acero
Originario de Monclova, hijo de Faustino y Sonia, y hermano menor de Viviana, nació el 15 de marzo de 1986. De niño soñador, inquieto y atleta. Su padre era taekwondoín, pero a él nunca le llamó la atención eso de dar patadas, las únicas que daba era dentro de la cancha, porque el futbol es su pasión al igual que el atletismo. Siempre quiso ser profesional en el balompié, pero la naturaleza no le dio para tanto.
“Mi papá es taekwondoín. A mí no me gustó el taekwondo, la verdad. O sea, desde muy chico me gustó el futbol y me gustaba correr. En el futbol nunca fui de los mejores, el más habilidoso, pero una de mis fortalezas siempre fue la velocidad, la resistencia, la fuerza, esas fueron mis fortalezas”.
El sueño de convertirse en profesional, con el pasar de los años, comenzó a desaparecer. Siguió dentro de las canchas de futbol, corriendo, en el senderismo y el montañismo.
Al crecer fijó otras metas. Era momento de pensar en una profesión, en lo que sería su modus vivendi, porque de alguna manera tendría que ser una persona de bien.
Emigró a estudiar a la UANL y concluyó sus estudios en la licenciatura de Comercio Internacional. En la Sultana del Norte vio una oportunidad y allá se quedó.

La caída
Ejercer su carrera profesional nunca fue impedimento para que Emanuel continuara con el deporte. En compañía de amigos disfrutaba del aire puro proveniente de las montañas del estado de vecino.
Subir a la cima, escalarla montañas, cerros, era algo cotidiano. Estar cerca de la naturaleza le llenaba de energía, tocar la cumbre lo era todo, estar en lo más alto siempre fue el objetivo, hasta que en 2011 la montaña le cobró todo aquello que le había dado.
El 26 de febrero de ese año, Emanuel acudió a la M, en el Chipinque, al lado de otros amigos. En un determinado momento, al escalar, una enorme piedra prensó contra otra la pierna derecha de Emanuel. Solicitaron ayuda al número de Protección Civil que un día antes le habían dado elementos de la corporación y con un helicóptero lo rescataron.
Nadie está preparado para una situación de esta magnitud, pero Emanuel sabía que su pierna no se salvaría, que su vida daría una vuelta de 180 grados y nada volvería hacer como antes.
“Cuando pasa el accidente sabía que mi pierna derecha no iba a funcionar, o sea, estaba totalmente destrozada, porque ya sabía que no iba a tener una pierna, tuve que hacerme a la idea desde muy temprano, inclusive desde que estaba arriba de la montaña sabía que ya mi pierna ya no iba a funcionar.
“Prácticamente tuve que hacerme a la idea desde antes y me tuve que acostumbrar a ser la persona que soy, y a tener que adaptarme poco a poco a cada cambio, a cada cosa”.
Tras perder la pierna, luego de ser amputada, el camino fue doloroso, durante meses pasó de un hospital a otro y posteriormente vino el proceso de rehabilitación, acostumbrarse a andar con nuevas herramientas para caminar, una silla de ruedas, muletas, bastón y hoy en día prótesis que aligeraron el andar del monclovense por la vida.
“Debes tener de dónde agarrarte. Lo primero que yo tenía era mi relación con Dios, que era lo más importante, y segundo, mi familia. Cuando salí adelante tenía a mis papás, a mi hermana, y tenía mucho apoyo de ellos para impulsarme o a conquistar nuevos objetivos, nuevas metas. Y ahorita que soy padre de familia también es doble la motivación, porque mi familia depende de mí y a mí me gusta poner vara alta en las cosas que hago, para que un día mis hijos, ya no pido que hagan cosas mayores o menores a las que yo he hecho, sino que luchen por lo que quieran, por lo que sea, no importa si es pequeño o es grande, no importa si, por ejemplo, si mi hija o mi hijo quiere ser futbolista, basquetbolista o pintor, o lo que sea, que lo que hagan, que luchen por ello”.

Paso a paso
Perder la extremidad, caer de esa cumbre en la que se encontraba como atleta y profesionista, sólo lo impulsó a querer más. Es así que paso a paso, muy a su manera, sin conocimientos, volvió al ruedo, se reactivó en el atletismo y el futbol.
Gracias a su esfuerzo, desde hace años, Emanuel ha representado a México como seleccionado nacional en el Mundial de Amputados, juega para Regios AMP en esta categoría y es un capitán indiscutible.
“En 2012 me hablan para decirme que se iba a hacer el primer equipo de futbol de amputados en Nuevo León. Llego y conozco personas geniales que jugaban, así como yo, con muletas. Me fui preparando, fui entrenando. Con base en eso empezamos a sobresalir. En el ámbito nacional y con las selecciones me convocaron, y poco a poco fui trabajando para llegar a estar en la Selección y consolidarme”.
En cuanto al atletismo, y aunque parecía algo imposible, el monclovense devora metro a metro el asfalto. Se apoya de dos muletas, no usa la prótesis y con lo poco que le entendió, se inscribió en una carrera de la empresa y de ahí comenzó todo de nuevo.
“Al principio fue aventarme, y la verdad, sin preparación. Me iba a un 5K y me lo aventaba, yo decía: ‘puedo’, pero ya después lo haces de una manera, por ejemplo, con apoyo, ya con profes que te dicen qué hacer y que te dan un plan, te das cuenta que no era la manera correcta. Entonces, iba a una carrera y se me hacía un plan de entrenamiento y con base a eso se trabaja. Es complicado, porque yo corro con muletas canadienses, con bastones, es complicado para mí porque hay distancias, me voy solo, porque lógicamente me tardo un poco más, pero ahí es donde trato de sacar lo mejor de mí”.
Así como pudo con carreras de 1 kilómetro, pudo con las de 5, las de 10, y hasta hace unos años con medios maratones, en donde las adversidades llegaron, los momentos de presión lo dejaron cansado, pero más allá de desanimarlo, le brindaron experiencia.

En estos medios maratones se le “poncharon” los pares de gomas que usa en las muletas, tan así que, a falta de muchos kilómetros para cruzar la meta, se quedó sin ellos. Se esforzó al máximo, en sus manos las ampollas brotaron como manantiales, el cansancio no dio tregua, su pierna izquierda acabó adolorida, pero al final nada lo detuvo.
“Los tapones, los regatones no están diseñados para eso. Yo llevaba seis y pensaba que llevaba muchos, y no, me los terminé en el kilómetro 15, y a partir del kilómetro 15 en adelante prácticamente corrí con las muletas, pero con los puros fierros, te vas resbalando, pero es parte de la enseñanza, es parte del aprendizaje. En otras ocasiones el problema son los guantes porque, por ejemplo, cuando terminé el maratón completo, híjole, el problema que tuve fue que duré más de una hora, estuve en puntos muertos de la Cruz Roja, donde me atendieran mis manos porque estaban llenas de ampollas”.
De ese aprendizaje vinieron más metas, no cruzarlas al acabar el recorrido, no, ir por más, subir el nivel, exigirle más al cuerpo, a la mente y saber hasta dónde se puede llegar.
Tras ese primer maratón, y otras carreras más que llegaron con las semanas, Emanuel se propuso un maratón internacional, 42 mil metros, él, sus muletas, su alma y una ilusión por subir otra cumbre.
Fue así que, el año pasado, en noviembre, corrió el Maratón de Nueva York, haciendo historia para un mexicano al cruzar la meta, independientemente del tiempo, por lograr con sudor y quizá con lágrimas, un motivo más para estar vivo, para decirle al mundo que se puede salir de la adversidad y llegar tan lejos como te lo propongas.
“Busquen un objetivo, una meta, que esto, al fin de cuentas ya pasó. No te digo que puede pasar, que ya pasó lo peor, porque no es cierto, porque puedes estar todavía mucho peor. Aquí la clave es: ¿cuánto tiempo vas a querer estar así? Es buscar lo mejor, buscar trascender, buscar dejar huella y ser feliz, y tomarte de la mano de las personas y de las cosas que sientes que te pueden hacer mejor. Buscar ayuda y trascender, en este caso, tener una motivación grande. Yo tengo mi motivación, que son mis hijos, que es mi esposa, que son mis padres, mi hermana, mis amigos. Entonces, hay que buscar algo que te ayude a levantarte”.

Tres lustros
El 26 de febrero de 2011 sucedió el accidente que le arrebató una pierna a Emanuel en la Sultana del Norte.
Las lesiones
Yo me quebré la pelvis, la cintura, la pierna derecha fue la que me amputaron arriba de la rodilla, es una amputación transfemoral, entonces, cuando salgo del hospital, era tratar de adaptarme al mundo nuevamente.
Su motivo
Está casado con Alejandra Tovar, con quien tiene dos hijos, un niño de 4 años y una niña de 10.
Nada lo detiene
Luego de sufrir la amputación, Emanuel ha destacado como atleta:
Ha ido al Mundial de amputados con México.
Juega futbol para amputados con Regios AMP.
Corre medios maratones; en 2024 finalizó el de Nueva York.