Robo ‘interno’ deja a Coahuila sin una importante pieza de su historia primitiva
Saltillo, Coah.- Frente a la imponente roca convertida en cueva, con el sol a espaldas y acariciado por la sombra de un mural milenario, es imposible pensar que se hizo un largo recorrido en auto, caminando un sinuoso sendero de terracería, para ver el hueco donde estuvo la pintura rupestre de una mano, pieza que fue robada por un habitante de Cuatro Ciénegas, para entregarla al mercado negro.
Aquel paisaje semidesértico que alguna vez tuvo agua abundante, plantas y animales para ser, por 5 mil años, el campamento de tribus o grupos de nómadas recolectores y cazadores, también alberga 16 cuevas con 4 mil pinturas rupestres y una gran cantidad de imágenes talladas en las piedras, lugares que fueron recorridos y habitados por cientos de generaciones.
Intervienen los expertos
A kilómetros de la cabecera municipal de Cuatro Ciénegas, en un terreno particular al que hay que ingresar luego de pasar un “portón” de alambre de púas y abrir el candado con el que sólo una cadena custodia la entrada al lugar, nos lleva Yuri de la Rosa, arqueólogo de la delegación Coahuila del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Nadie como él sabe el valor de estos vestigios de un pasado que se esfuerza por interpretar. Con su inconfundible acento chilango señala a un lado y a otro, intentando verter a la mente de sus interlocutores el cúmulo de sus conocimientos sobre la cueva de La Pinta II, la más grande del complejo, y la que un ladrón se atrevió a profanar.
Apenas han pasado tres meses desde que el equipo encabezado por la restauradora-perito, Sandra Guadalupe Cruz Flores, responsable del Programa Nacional de Conservación del Patrimonio Gráfico-Rupestre del INAH, terminó el trabajo intentando restaurar lo más posible de las pinturas rupestres que un saqueador dañó.
La destrucción sucedió en enero del 2025, cuando habitantes de Cuatro Ciénegas dieron el aviso a las autoridades del robo de pinturas rupestres en la cueva que han llamado La Pinta II, y que forma parte de un complejo protegido por el INAH como patrimonio nacional.
“Cuando resulta la afectación, algo que nosotros nunca habíamos visto, es que intentaron llevarse un pedazo de pintura. Bueno, varios pedazos de la pintura rupestre, pero en aquella parte de allá sí lograron extraer un fragmento completo donde existía una mano”, comparte Yuri de la Rosa.
Fue irremediable voltear a ver en el otro extremo de la cueva, una especie de manchón con un color ligeramente diferente al del resto de la cueva, es el lugar donde antes hubo una mano roja pintada en la roca, que fue desprendida usando una sierra especializada.
Además, el ladrón intentó llevarse otros pedazos de imágenes de las 380 que hay, algunas superpuestas, en la cueva, pero no lo lograron. Lo que sí hicieron fue causar otros cuatro daños más al sitio arqueológico, que también ya fueron restaurados.
El ladrón es de casa
Como el INAH interpuso la denuncia del saqueo ante la Fiscalía General de la República, dice el arqueólogo que se siguieron diferentes líneas de investigación, con los pocos indicios encontrados, entre ellos los discos en forma de sierra que usaron para cortar la roca, sin que hasta la fecha no se haya detenido a nadie; pero, dice el arqueólogo, que podrían estar por ubicar al presunto ladrón.
“Nosotros pensamos que tiene que ver con el entorno local; parte de lo que hemos sabido es que en este tráfico siempre hay algún local que saca las piezas a Monclova o a la frontera, y la otra persona las pasa al otro lado y, del otro lado, esa persona que ya las pasó las distribuye con el que ya las va a vender”, expresó Yuri.
Lo dice con contundencia cuando se le pregunta si se trata de un vándalo, la respuesta es que no, que se trata de alguien “con perfecto conocimiento de causa”, lo que les hace suponer que se trata de alguien del mismo Cuatro Ciénegas.
“Este fue un trabajo por encargo, insisto, de alguien del entorno local, que sabía los movimientos del señor Héctor, dueño del predio; sabía cuándo viene él, cómo estaba el sitio, porque seguramente ya lo conocía, esas son las hipótesis, sí es alguien específicamente”, indicó el arqueólogo.
Refiere que incluso vinieron expertos y ministerios públicos de México para realizar las averiguaciones, citándolo a él mismo para declarar, pero también sabe que hubo más personas del municipio que fueron a dar testimonios ante la Fiscalía, intentando dar con el autor material, el primer eslabón de este saqueo, que no es el autor intelectual del robo.
Un encargo personal…
Mientras explica que la pintura de la mano roja robada podría ser una especie de manera de identificación de alguna de las tribus o grupos nativos que habitaron esa región, platica que es la primera vez que sucede un saqueo de este tipo.
Señala que lo más triste de todo, es que, por ese corredor de asentamientos humanos, pasaron miles de personas y grupos, desde hace 5 mil años y hasta hace unos 500 años, respetando unos y otros esas pinturas rupestres, algunas superpuestas a otras más antiguas, y ninguno se atrevió a cortarlas para llevárselas.
Comparte que, en el siglo pasado, al fondo de ese corredor rocoso, existió una mina de estroncio, material que todavía se puede ver regado por el camino polvoriento que lleva a las cuevas. Ese material se usaba para la fabricación de los cinescopios de las televisiones de bulbos, pero con la aparición de las pantallas y el desuso de las antiguas televisiones, la mina cerró.
“Por aquí enfrente pasaban los camiones cargados con el material de la mina, seguramente también por aquí, por ese camino, pasaban los trabajadores de la mina, yo pienso que hasta llegaron a sentarse en la sombra de estas cuevas, qué se yo, a platicar, a descansar, o a comerse su lonche. Pero ninguno se atrevió a dañar las pinturas, a cortarlas, a robarlas”, expresa Yuri.
Por eso le entristece que, luego de miles de años en la prehistoria, los cientos de años pre y post colonización, y desde que fueron descubiertas por arqueólogos, ningún habitante local se había atrevido a dañar ese patrimonio, hasta que hubo quien se prestó al saqueo, del mismo municipio, cegado por la ambición de un contratante.
“Nosotros a través del trabajo en toda esta región de décadas, pues sabemos que hay toda una red de tráfico de piezas arqueológicas y no solamente en Coahuila, en todo México. Hay un tráfico de piezas arqueológicas impresionante. Coahuila no es la excepción, es parte de este tráfico, y este fue un trabajo específico por encargo de alguien”, advierte el entrevistado.