‘Madre de todas las luchas’ no, más bien, promueven colectivas una causa común, conformadas por mujeres con hambre de justicia
Saltillo, Coah.- Son muchas luchas contra una misma causa.
Es el despertar de la consciencia y cuestionarse sobre el abandono del padre, el sacrificio de la madre, la imposición religiosa, la doble moral, el acoso normalizado, la equidad salarial, la violencia estructural que nos atraviesa a todas, y un sistema que se empeña en acusar a la víctima en lugar de castigar al victimario.
Sí, son muchas luchas: feminicidios, derechos laborales, visibilidad al trabajo no remunerado, violencia vicaria, aborto seguro, derechos reproductivos, paridad en las candidaturas… pero sólo un enemigo: el patriarcado, ese orden político arcaico de dominación masculina, donde ellos ostentan el poder, la autoridad moral, el privilegio social y el control de la propiedad.
Quizá muchas no lo recuerden y otras más jóvenes no lo sepan, pero hace apenas dos décadas, una mujer tenía que estar casada para poder tramitar su crédito Infonavit, y peor aún: adquirían sus créditos 10 años después que los hombres.
Parece poco, pero se va avanzando.
Y sí, hay desencuentros al interior del movimiento, pues todas provenimos de distintos contextos; no todas han sufrido una violación, o han sido golpeadas por sus parejas, o han tenido que ejercer el trabajo sexual, o han perdido a su hija a manos de un hombre que la mató porque creyó que era suya… pero no por eso somos inmunes a esos sufrimientos.

Para entender la sororidad
El argumento principal de los detractores de la marcha por el 8M, Día Internacional de la Mujer, es que “ni entre ellas se ponen de acuerdo”, en alusión a las colectivas que encabezan distintas luchas.
“¿No que muy sororas?”, escriben en los muros criticando que unas sean transincluyentes y otras sean feministas radicales.
Teresa Meza, activista de Aborto Libre Saltillo, explica que la sororidad no tiene que ver con la empatía o con ser las mejores amigas, sino en entender que la lucha es para que todas tengamos los mismos derechos.
“La empatía te genera un sentimiento de afecto hacia la otra persona, y la sororidad no antepone un sentimiento, te antepone un derecho, una necesidad de que todos tengamos bienestar común, y creo que eso es lo importante: que lo queremos romantizar y no es romántico”, subraya.
“La sororidad es un acto político, es un acto de rebeldía, es un acto de incomodidad, es un acto de plantear ante todos los sistemas lo que nos está vulnerando, y lo que es la inacción que está viendo por parte de los gobiernos para poder actuar conforme a las leyes, y nos respalde, eso es la sororidad”.
Porque esta lucha es en contra del patriarcado, afirma Teresa, quien ha brindado acompañamiento a cientos de mujeres que han decidido interrumpir su embarazo, sin juzgamientos, sin condenas, con la consciencia plena de que el embarazo será deseado o no será.
“La marcha es importante porque para muchas mujeres simboliza un día de grito, de lucha, de escucha; porque hay muchas que en el día a día, y en la cotidianidad, no tienen esa oportunidad, y sólo tienen un día para salir y gritarle a su opresor, a su violentador, a su transgresor”, explica.
“Pero también somos muchas las que trabajamos todos los días para garantizar que las leyes lleguen a todas, sobre todo a la población más vulnerable”.
Englobar las causas
Issa Ruiz, del Colectivo Madres Coahuilenses contra la Violencia Vicaria, ha vivido en carne propia el martirio de la burocracia patriarcal, esa que complica las cosas para las mujeres y las facilita a los hombres.
“Yo creo que una cosa es la amistad y otra cosa es el centrarnos en que todas deberíamos de tener el acceso a la justicia, el acceso a las mismas oportunidades”, comenta, “la sororidad tiene que ser una cuestión política en la que una entienda que las cuestiones personales no se pueden inmiscuir en el trabajo que todas tenemos que llevar a cabo, y que debemos tener esa comunicación entre todas para poder seguirnos moviendo”.
“Para mí eso es el feminismo, un feminismo que tiene que englobar a todos los feminismos, porque a final de cuentas una cosa es ser radical y otra cosa es ser antiderechos”, apunta.

Desde la ‘mismidad’
Ser feminista es complicado y agotador: luchar por los derechos básicos fundamentales contra un sistema que cree en el “eterno femenino”, que promueve la falsa idea de que las mujeres deben ser sumisas, abnegadas, buenas, fieles y sacrificadas porque si no, no valen nada, y que al mismo tiempo deben ser fuertes, inquebrantables, tener dos o más trabajo para sacar adelante a sus hijos sin pelear una pensión alimenticia, porque eso las convierte en interesadas y eso “jamás lo hubiera hecho mi madre”.
La transición ha sido lenta y dolorosa; un camino sinuoso en el que muchas veces hemos tenido que enfrentarnos, incluso, a nosotras mismas, a lo ya aprendido, a lo que nos cuesta trabajo comprender y cambiar.
Yunuen Castillo Menchaca es una de las pioneras en el feminismo local, y como varias protagonistas del movimiento, ha sido criticada, juzgada y señalada por sus propias compañeras, sin embargo, hoy entiende que cada una vive su propia deconstrucción para el crecimiento.
“Cada una de nosotras tenemos nuestra historia, cada una de nosotras tenemos nuestros procesos, pero yo creo que se trata de un despertar, y de un despertar en la congruencia y en la coherencia de cómo vivimos el feminismo y la sororidad”, expresa, “tenemos que empezar desde lo más íntimo, desde adentro, yo insisto: desde nuestra mismidad, desde nuestros microespacios”.
“Lo que buscamos a través del feminismo es la libertad, y creo que no hay cosa más liberadora que soltar prejuicios, estigmas, juzgamientos, constructos… ganar esa lucha interna con nosotras mismas, liberarnos de todo eso y realmente vivir nuestro feminismo desde nuestra libertad, y siendo felices, que a final de cuentas yo creo que, para mí, eso es el feminismo: que podamos ser libres, felices, sin miedos, sin violencia y con todos los derechos de hecho para nosotras”.
Yunuen reconoce que no es fácil de explicar, y tampoco de entenderlo ni de vivirlo, de hecho, para ella misma ha implicado un largo proceso de obstáculos, adversidades y juicios.
“Hay muchos juzgamientos dentro del movimiento feminista cuando no debería ser así, por eso insisto en que debemos siempre optar por la congruencia, la coherencia, la conciencia y hacer un feminismo consciente desde nuestra mismidad”, señala.