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‘Éxito espantoso al gobernar con el crimen’

La soberanía de una nación no sólo se defiende en las fronteras, sino en la limpia integridad de sus funcionarios: si el Estado Mexicano insiste en gobernar con el diablo

La soberanía de una nación no sólo se defiende en las fronteras, sino en la limpia integridad de sus funcionarios: si el Estado Mexicano insiste en
Ernesto Acosta
ZOCALO | MONCLOVA
05-26-2026
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Saltillo, Coah.- La soberanía de una nación no sólo se defiende en las fronteras, sino en la limpia integridad de sus funcionarios: si el Estado Mexicano insiste en gobernar con el diablo, no debe sorprendernos de que el infierno termine por instalarse en las calles, advierte la Diócesis de Saltillo.


En la Editorial “Narco-Política: La paradoja que desgobierna a México”, publicada este lunes en redes sociales, refiere que se nos dice con insistencia científica que el Estado mexicano libra una guerra contra la anarquía criminal, pero la terrible sospecha del país no es que falle en imponer la ley “sino que han tenido un éxito espantoso en gobernar junto al crimen”.


“Lo que presenciamos no es una patria fragmentada por delincuentes, sino una extraña y siniestra costura donde el funcionario y el forajido comparten el mismo sastre. La Conferencia del Episcopado Mexicano contempla hoy altares ensangrentados, comunidades desiertas y una juventud que cambia la humilde herramienta de sus padres por el fusil dorado del mercenario.


Nos encontramos ante una paradoja puramente chestertoniana: en su afán de pragmatismo y pacificación, la política ha destruido la paz. Se ha pretendido salvar el orden social olvidando la justicia, y el resultado es que nos hemos quedado sin ambas, refiere el documento publicado en redes sociales.


“La paz no es la mera ausencia de tiroteos; es la presencia de la justicia. Un pacto con el crimen para mantener una tranquilidad superficial es tan absurdo como incendiar la casa para librarse de las corrientes de aire”.


“Para la Iglesia, esta realidad no es un dilema puramente geopolítico; es un drama espiritual. La ‘narco-política’ no es una simple avería en la maquinaria burocrática, sino la abdicación de la más alta de las virtudes cívicas: la autoridad moral”.


Cuando el gobernante pacta con el traficante bajo la mesa, lo que se firma no es una tregua, sino un acta de sumisión. Se entrega el rebaño al lobo con la vana esperanza de que el lobo se conforme con la mitad de las ovejas. Pero el mal, por definición, carece de sentido de la proporción, advierte.

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