Aguirre Gutiérrez viene de una familia ganadera de cuatro generaciones y se dedica de tiempo completo
Saltillo, Coah.- Gustavo Aguirre Gutiérrez creció entre el ganado, el forraje y la tierra. Creció viendo el esfuerzo de sus padres para alimentar a los animales, limpiar los corrales y madrugar cada mañana.
Es la cuarta generación de una familia que ama el campo y el ganado. Una familia que le heredo la ganadería como un oficio, que se ha convertido en uno de los placeres de su vida.
Desde pequeño
“Yo creo que desde chiquito me llamó mucho la atención estar ahí con mi abuelo, con mi papá, con los animales, y pues sí, me apasiona todo esto ver qué nos va a dar cierto cruce, cierta raza, cómo se va a desarrollar”, relató.
Tiene alrededor de 22 años dedicándose al ganado ovino y caprino, pero en apenas dos años compitiendo en pistas nacionales y locales, y la calidad de su ganado le ha permitido sobresalir y obtener más de 60 premios.
En agosto, durante la Feria Ganadera de Saltillo 2026, obtuvo nueve premios; posteriormente, en la ciudad de San Miguel de Allende, en Guanajuato, consiguió ocho premios más.
El pasado domingo, en la Expo Feria Ganadera en Guadalupe, Nuevo León, obtuvo cinco premios con un juez de Sudáfrica, país de donde provienen las dos razas que maneja: Dorper y Dorper Blanco.
De gran calidad
“Lo que esté más apegado a la raza y más funcional, pues es lo que a los jueces al final termina llamando la atención y llamando al frente para calificarlo y si es acreedora a un premio como en este caso”, destacó.
Para lograr esa calidad, Gustavo Aguirre Gutiérrez realiza una selección exhaustiva desde el nacimiento. Tiene crías todo el año y desde muy pequeños va escogiendo machos y hembras que puedan transmitir las cualidades que busca.
No es una tarea fácil, aunque depende mucho de una buena selección y cuidados, la naturtaleza tiene la última palabra, por lo que a veces se llevan sorpresas inesperadas.
“Estamos ahí siempre con la esperanza de que nazca un nuevo cordero, de cómo va a salir, cómo va a ser… Es difícil. A veces pones un macho con una característica y una hembra con una característica y la cría te sale con otra muy diferente. No siempre sale como es”, admitió.
Siempre atento
Tiene su establo en Ramos Arizpe, donde cuida a más de 250 chivos y borregos, donde pasa la mayor parte de su día, ya que es un trabajo absorvente y casi de tiempo completo.
Le han tocado partos incluso por las madrugadas, noches en vela con animales enfermos y jornadas de sol a sol.
“En México, la crianza de ovejas no sólo contribuye al suministro de carne, lana y leche, sino que también es un pilar económico y cultural para diversas regiones del país”, indicó la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural en el artículo Detrás de la Ovinocultura: Una Mirada a la Crianza de Ovejas en México.
Por ello y a pesar de lo duro que resulta el trabajo en los establos, el camina herguido, con la frente en alto, orgulloso de sus premios, pero aun más de mantener la tradición familiar viva.